Cómo hemos cambiado: Cómo eran los viajes en coche en el '73

- Roadlovers

¿Os acordáis de cómo era viajar en coche antes? Toda la familia íbamos como sardinas en lata en un 600, pero... ¡éramos tan felices!

Ahora podemos volver a rememorar esos maravillosos roadtrips, como lo llamamos ahora que somos tan modernos, con un coche de alquiler. ¡Vivan los 70 y los viajes en coche!

Cómo eran los viajes en coche en el '73

Los inolvidables viajes en carretera en el 73

Los viajes en carretera eran con toda la familia, a veces llegábamos a viajar hasta siete personas en un 600, aunque esto pasó a la historia. Pero seguro que si has nacido en los 70 lo habrás vivido igual que nosotros. Todos íbamos con gran ilusión, era toda una aventura y eso que a lo sumo no íbamos más lejos de Madrid o Barcelona o al pueblo de nuestros padres. Ocho o diez horas que hoy día se recorren en un abrir y cerrar de ojos. Pero, a pesar de lo cansados que eran, nosotros lo vivíamos con la inocencia que daba una época que ya pasó.

El aire acondicionado era la ventanilla abierta con el aire dándonos en la cara mientras manteníamos los ojos cerrados. Los juegos no eran ni el móvil con sus whasapps ni la play, eran las canciones que cantábamos entre todos... buscar los toros de Osborne en el horizonte y entre una y otra canción la mítica frase  "¿Cuándo llegamos?".

Las comidas, nada de wok o hamburguesería, un bocata de tortilla o mortadela que había preparado mamá antes de salir con una lata de refresco en aquellos míticos picnics del 73... Y es que ella siempre era la primera que se levantaba para organizarlo todo. Y si estábamos muy cansados, una siesta echados en el colchón de atrás y nos quedábamos tan agusto. 

¡Hay que ver cómo eran los viajes en coche de antes! Quizás un poco incómodos, sí, pero... ¡éramos tan felices!

El sentimiento de unión familiar era muy profundo... risas, confidencias, charlas... de todo un poco durante esos trayectos que aún recuerdamos con nostalgia y cariño. Y es que aunque tardáramos mucho en llegar, por la emoción y las anécdotas que vivíamos en el viaje bien merecían la pena.

El placer de descubrir nuevos caminos y viajar a tu aire solo la da la libertad de conducir tu coche sin rumbo, y recordar, con una sonrisa, cómo hemos cambiado. 
 

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